jueves, 3 de noviembre de 2011

Cuentos de la Abuela - Las Manzanas

Mi abuela me contaba el cuento de Las Manzanas.



Hace mucho tiempo, en un reino muy lejano, el rey, preocupado
por la salud de su hija, la princesa, hizo venir a los sabios,
quienes le aseguraron que la niña se curaría comiendo una manzana.

Todos los campesinos del reino plantaron manzanos, pero ninguno
logró que sus manzanas sanáran a la princesa.
Esta crecía delicada, ojerosa, sin lustre en la cara.

Cuando llegó a la edad de casarse, el rey llamó a los mensajeros
y les mandó que llevaran a todos los rincones del reino este bando:

"Aquel joven que traiga la manzana que cure a la princesa,
se casará con ella y podrá ser el futuro rey".

En una aldea perdida, un humilde labrador cuidaba un manzano
que daba unas manzanas, redondas, brillantes, dulces, ¡Uhm!.
Les dijo a sus hijos: -Tenéis que visitar a la princesa y
llevarla nuestras manzanas, que las pruebe.

Uno de ellos contesto: -Iré yo que soy el hijo mayor.

Guardó las mejores manzanas en una cesta, las tapó con un paño
y se encaminó hacia el castillo. Al pasar por el puente que cruza
el río, salió a su encuentro una viejecita que le dijo:

-Buen mozo ¿Qué llevas en esa cesta?
-¿Yo? Morcillas.
-Bueno, pues que se te conserven grandes y hermosas.

En la puerta del castillo, la Guardia Real le echaron el Alto y
le preguntaron adónde iba y qué traía en la cesta.
El muchacho al levantar el paño, mostró unas olorosas morcillas.

-¡A las mazmorras! Aquí no se viene a engañar a la princesa.

El mediano hizo lo mismo que su hermano, sólo que
a la viejecita la contestó:
-¿Yo? Ranas.
Los guardias se asustaron al verlas saltar y croar,
y encerraron al mozo en las mazmorras.

El hijo pequeño pensó: -¡Vale, yo iré!.

Cogió la cesta con las manzanas y al pasar por el puente
que cruza el río, se le acercó una viejecita, que le dijo:

-Buen mozo ¿Qué llevas en esa cesta?
-¿Yo? manzanas.
- Bueno, pues que se te conserven grandes y hermosas.

La Guardia Real no le dejaba entrar porque no querían
que ningún mozo se riera de la joven princesa.

Les pidió por favor que, al menos, le dejaran probar
una y, al levantar el paño, descubrieron unas manzanas,
redondas, brillantes, ¡Uhm, qué aroma despedían!

-Está bién, puedes pasar y subir a la torre.

La princesa, nada más saborear la manzana, comenzó a cambiar:
sus ojos relucían, sus mejillas resplandecían y sus labios sonreían.

El rey cumplió con su promesa y ofreció al buen mozo la mano de la princesa.
Pensando: -Si ha sido capaz de curar a mi hija,
seguro que podrá reinar con sabiduría.
Y vivieron felices. Y comieron perdices.

¡Me encantan estos ratos! Unicos.
Sentir la emoción que expresan
espontáneamente los niños.

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