
Alquiló una habitación en una humilde casa amarilla con ventanas verdes.
Se pasaba horas y horas pintando: las casas,
el puente del río, las flores y los árboles del campo.

"Puente de Langlois con lavanderas"
Los vecinos se sorprendían al verle pintar a todas horas,
hasta por la noche, pero no le compraban ningún cuadro.

"Frente al café"
"El loco del pelo rojo"-le decían.
Los colores puros y brillantes nos dicen que se encontraba bién aquí en Arlés.
Pintamos con acuarelas y témpera aguada la casa amarilla.
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